viernes, 7 de abril de 2017
Todo
cuanto existe está sujeto a cambios, sobretodo y es más distinguible lo que ser humano interviene; a través de las épocas adquiere y renueva
su significado y su razón de existir. Pero del mismo modo que el
hombre afecta lo que toca, así mismo sus creaciones pueden hacerlo
cambiar. El caso de la fotografía es un claro ejemplo de esto.
jueves, 30 de marzo de 2017
Fotografía, Pintura y paisaje.
El ser humano
siempre ha mantenido a lo largo de los años una relación muy
estrecha con la naturaleza esto gracias a las múltiples necesidades
que esta le contribuye en su vida diaria, ya sea como alimentación,
como espacio habitable, como materia de uso, como fuente de
conocimientos o belleza. No es hasta que el hombre decide parar,
observar su entorno y tratar de entender lo que hay frente a él, que
se comprende a sí mismo, conoce su ubicación en el espacio y el
tiempo; es capaz de ver el ambiente sin su presencia, cómo luce el
espacio que no ha tocado o modificado, y el que es producto de su
propia mano.
El paisaje como tema
pictórico se considera relativamente joven en la historia de la
pintura, y si bien, no era apreciado hasta entonces como lo más
relevante dentro de una composición, su presencia como elemento
pictórico ya existía desde mucho antes, es decir, simplemente ha
ido desempeñando distintos papeles a través de las épocas.
En la edad media
bajo la influencia de la iglesia católica en occidente, la pintura
más importante hacía la labor de representar temas religiosos, esto
debido a que el arte estaba enfocado exclusivamente a la búsqueda de
la divinidad. En estas pinturas el ser humano en la forma de dios, de cristos, de vírgenes y de santos, se ubicaba como el elemento más
importante a representar, y la naturaleza o paisaje era visto como
creación de dios, a nivel de cualquier otra cosa creada excepto la
figura del hombre, de modo que solo se sugería para enmarcar la
escena principal, dar la sensación de espacio e insinuar perspectiva
o profundidad. En este contexto, la pintura de Giotto es destacable
por el uso que le dio al paisaje para colocar a sus personajes.
Posteriormente, la
mirada de los pintores fue cambiando, en la media que se atrevían a
observar y explorar temas más allá de lo religioso, junto con su
visión sus representaciones eran mucho más naturales, enfocando sus
esfuerzos mucho más a lo terrenal y pagano.
Enseguida haré un
breve análisis a partir de la observación de una serie de
fotógrafos en torno a su trabajo de paisaje. Cabe mencionar que en
la fotografía como paisaje, se me dificultó mucho más generar
diferencias entre un fotógrafo y otro dela misma época. Debido a
esto, de una lista de doce fotógrafos analizados, seleccioné cuatro
de ellos tomando en cuenta que fueran contrastantes entre sí, con
aportaciones y exploraciones distintas.
Franco Fontana:
El color es fundamental en este fotógrafo, su uso de los planos como
si fueran plastas de colores en la composición me hace pensar en una
suerte de neoplatonicismo. Es muy interesante cómo es que selecciona
las escenas a partir de un orden geométrico y cromático, al
instante se impone esta particular manera de ver, tendiente hacia el
minimalismo. Su estilo me perece mucho más pictórico en la medida
de su uso de recursos plásticos provenientes de la pintura para la
configuración de sus fotografías.
John Davies:
Explora el espacio, y su análisis está en función del desarrollo
de las ciudades y de los nuevos entornos, y cómo es que el hombre
ocupa un lugar en estos. La figura del hombre aparece como una
referencia sutil, dimensional, moviéndose en estos espacios, en una
suerte de encuentros y flujos que dan cuenta de la capacidad del
paisaje creado para causar y ocasionar conductas.
viernes, 10 de marzo de 2017
El retrato en la pintura y la fotografía
La definición de retrato es muy variada a lo largo dela historia. Una definición que me parece aceptable o digna de considerar es la de Cynthia Freeland, ella establece cuatro características específicas para que una representación humana sea considerada un retrato: “Representación de la apariencia, caracterizaciones psicológicas, pruebas de presencia o «contacto», manifestaciones de la «esencia» o «aire» de la persona”.
El retrato a partir de la pintura en la historia, al menos del siglo XVI al XVIII había estado muy de la mano de los poderosos, esta posibilidad reducida para unos pocos les confería estatus; y debido a esto, solamente se pudieron conservar de esas épocas mayormente retratos de monarcas, generales, gente del clero, sectores privilegiados, y en casos muy reducidos autorretratos de los propios pintores, como en el caso de Velazquez, Boticcelli o Rembrandt, entre otros.
Este último, es un ejemplo muy renombrado en cuanto a retratos pictóricos. Rembrandt inicia su producción al rededor de 1625 trabajando para personas adineradas, entre ellos su suegro. Considero destacable su trabajo justamente porque es una referencia inmediata como icono del retrato, su pintura es elogiada por sus pinturas en este género, es difícil que alguien no reconozca su pintura por sus retratos específicamente; y también porque en lo personal me parecen sumamente impactantes y conmovedores. En cuestiones técnicas, especialmente en sus últimas pinturas, refleja una basta exploración con los materiales y la capacidad matérica de estos. Gracias a esta búsqueda logró una plástica y cromática muy rica en tonalidades y matices; y más allá del color, la luz que emplea es absolutamente importante. Los personajes en sus composiciones gozan de la intención del pintor por desentrañar al personaje, capturar su actitud, el estado de ánimo, su estatus, captar su esencia; y como complemento, emplea su aportación a través de una serie de recursos muy bien desarrollados, que nos hacen reconocer al estar frente a una de sus pinturas, que ese trabajo, debido al uso de la luz, no lo pudo haber hecho nadie más que él. Especialmente, reitero, la luz, con su particular técnica llamada hoy en día, “El triangulo de Rembrandt” que consiste en una zona del rostro iluminada y la otra en penumbras. Dicha técnica ha sido interpretada por pintores y fotógrafos a través de la historia, hasta la actualidad.
Desde sus inicios la fotografía se empleó al servicio de la pintura para cuestiones técnicas en los proceso de producción, de modo que ya no era necesario que los retratados permanecieran largas sesiones posando frete al pintor, haciendo mucho más fácil este trabajo y a su vez, la fotografía adquirió gran parte de la estructura formal del lenguaje pictórico. Justo en ese momento, en el que la pintura deja de replicar exactamente la realidad dejando a un lado la ayuda de la visión directa natural, comienza a cobrar de nuevo y mucho más profunda la importancia de la exploración imaginativa, la aportación sensible del artista e interpretación no solo de lo superficial, sino también del mundo interno del retratado, que a su vez habla también de lo interno del mismo artista; esto , concretamente a través de la plástica. Este fenómeno se extendió hasta alcanzar niveles de síntesis de las formas y abstracción incluso extremos, desde el impresionismo, el cubismo hasta el arte abstracto, etc.
Un ejemplo de esta relación entre fotografía y pintura queda documentado en las cartas que compartía Van Gogh con su hermano Theo en cuanto a su producción. Le expresa lo siguiente: “Estoy haciendo un retrato de Madre para mí. No soporto la fotografía sin color y estoy intentando hacer uno con un color armonioso, como la veo en el recuerdo”. El autor recurre a la fotografía como apunte de la memoria pero, a la vista de los resultados, parece incapaz de ceñirse simplemente a este fin. Sus propios recuerdos, sus vivencias, amplificados, desdibujados o próximos, crean una obra personal.
Posteriormente, del mismo modo la fotografía se apropia de estos valores, la cualidad de explorar terrenos propios de lo psíquico, emocional y lo interno del ser humano de manera consiente y premeditada. Esta dinámica simbiótica hasta la actualidad no ha parado, este dialogar entre dos disciplinas al grado de incluso perder los limites entre una y otra. Una exploración continua, esta búsqueda por innovar en estas dos disciplinas que parecen inagotables gracias a la evolución de la tecnología.
Concretamente en la historia de fotografía, así como en la pintura, este valor por explorar recursos, me parece que es lo destacable, esta aportación, una nueva mirada, en el sentido de ver bajo otra luz una forma de hacer las cosas y retomar caminos explorados por otras disciplinas desde un modo particular.
Enseguida, a partir de la observación del trabajo de una serie de fotógrafos, destaco algunos recursos, herramientas, modos, que emplean estos, que construyen su “lenguaje visual particular” y que desde mi opinión personal, son valiosos en el sentido de que en mi propio desarrollo podría tomarlos en cuenta para partir con esta búsqueda, este aprendizaje:
Nadar, gracias a su trabajo como caricaturista, resalta mucho los rasgos de la personalidad de las personas que fotografía, de manera que parece “exagerar” ciertas facciones, revelando así la esencia de cada personaje. Julia Margaret Cameron me parece que sus fotos provocan una sensación mucho más melancólica, gracias a una especie de ambientación, un aura que es perceptible en la apariencia general de la fotografía. Y a diferencia de Nadar, todas las personas parecen tener casi la misma expresión, mirada caída, o fija a la cámara pero débil, suave y a la vez muy profunda. August Sanders, en sus retratos el encuadre a diferencia de los anteriores, se aleja y cobra cierta relevancia el contexto en donde se encuentra el retratado, ahora parece estar haciendo algo, una acción que da más información que la simple expresión, la inclusión de objetos como un elemento distintivo o informativo, me da la sensación de estar ante una especie de catálogo de personajes que representan un contexto o una actividad específica. Tienen una sola expresión, una actitud, y es mucho más interesante lo corporal que facial. Cecil Beaton, al instante se puede notar que en la mayoría de sus fotografías es importante la belleza física, una belleza específica, una búsqueda de la belleza consensuada, que proviene de un sector y obedece al canon de una época; incluso cuando retrata a la Dame Edith Louisa Sitwell, esa búsqueda de se nota, esta búsqueda de la belleza en cuanto a los rasgos y objetos superficiales, la superficialidad de los retratados, una belleza que salta a la vista de manera instantánea y no hay que hacer una búsqueda profunda para encontrarla. Diane Arbus, en este sentido también se interesa por lo superficial, pero al contrario de Beaton la búsqueda de su belleza no es convencional, no la encontraríamos en una revista de moda normalmente. Su punto de interés está centrado en el personaje y sus planos son variados, no usa uno determinado como regla que deba reproducir para lograr un determinado resultado, más bien se adecua al personaje de manera más espontánea, de la zona del cuerpo que hay que destacar. Su interés es el de mostrar que se pueden retratar otras formas de belleza no convencional. Richard Avedon, en este caso las expresiones faciales son totalmente variadas, me parece que premeditadas o inducidas. Los personajes se aíslan absolutamente en fondos totalmente lisos, generalmente claros o blancos. La iluminación es muy importante, su incidencia sobre la piel es tal, que tienden a perderse los detalles en los rostros de los retratados, suavizan los rasgos. Sus encuadres regularmente comienzan en el pecho. En el caso de Cindy Sherman es una exploración de la fotografía absolutamente premeditada, preparada, muy plástica y pictórica, en donde es el atuendo o el maquillaje más importante que el personaje que se fotografía, de tal suerte que la misma fotógrafa se retrata a si misma en sus fotografías más destacadas, a mí me provoca la sensación de estar frente a un maniquí, un pretexto para mostrar distinta indumentaria. En el trabajo de Berenice Abbot se me complica un poco más reconocer sus rasgos particulares me parece un tanto indefinido. Es interesante la postura en la que se colocan los personajes que retrata, casi siempre se pueden ver sentados y un encuadre de la cintura o la rodilla para arriba. Juega un papel fundamental y expresiva la colocación de los brazos, guía la mirada hacia el rostro o le da dinamismo a la estructura compositiva. De Robert Mapplethorpe el trabajo que más se destaca tiene que ver con artistas famosos, sus figuras emergen de fondos oscuros gracias a la luz. En general maneja oscuros muy profundos y claros casi al grado de desdibujar los rasgos del retratado. Y por último me parece bastante agradable la forma en que Irving Penn genera plastas negras de los cuerpos de sus personajes, casi siempre vestidos de negro de las cuales emergen sus rostros o manos como fragmentos recortados por la luz.
La definición de retrato es muy variada a lo largo dela historia. Una definición que me parece aceptable o digna de considerar es la de Cynthia Freeland, ella establece cuatro características específicas para que una representación humana sea considerada un retrato: “Representación de la apariencia, caracterizaciones psicológicas, pruebas de presencia o «contacto», manifestaciones de la «esencia» o «aire» de la persona”.
El retrato a partir de la pintura en la historia, al menos del siglo XVI al XVIII había estado muy de la mano de los poderosos, esta posibilidad reducida para unos pocos les confería estatus; y debido a esto, solamente se pudieron conservar de esas épocas mayormente retratos de monarcas, generales, gente del clero, sectores privilegiados, y en casos muy reducidos autorretratos de los propios pintores, como en el caso de Velazquez, Boticcelli o Rembrandt, entre otros.
Este último, es un ejemplo muy renombrado en cuanto a retratos pictóricos. Rembrandt inicia su producción al rededor de 1625 trabajando para personas adineradas, entre ellos su suegro. Considero destacable su trabajo justamente porque es una referencia inmediata como icono del retrato, su pintura es elogiada por sus pinturas en este género, es difícil que alguien no reconozca su pintura por sus retratos específicamente; y también porque en lo personal me parecen sumamente impactantes y conmovedores. En cuestiones técnicas, especialmente en sus últimas pinturas, refleja una basta exploración con los materiales y la capacidad matérica de estos. Gracias a esta búsqueda logró una plástica y cromática muy rica en tonalidades y matices; y más allá del color, la luz que emplea es absolutamente importante. Los personajes en sus composiciones gozan de la intención del pintor por desentrañar al personaje, capturar su actitud, el estado de ánimo, su estatus, captar su esencia; y como complemento, emplea su aportación a través de una serie de recursos muy bien desarrollados, que nos hacen reconocer al estar frente a una de sus pinturas, que ese trabajo, debido al uso de la luz, no lo pudo haber hecho nadie más que él. Especialmente, reitero, la luz, con su particular técnica llamada hoy en día, “El triangulo de Rembrandt” que consiste en una zona del rostro iluminada y la otra en penumbras. Dicha técnica ha sido interpretada por pintores y fotógrafos a través de la historia, hasta la actualidad.
Desde sus inicios la fotografía se empleó al servicio de la pintura para cuestiones técnicas en los proceso de producción, de modo que ya no era necesario que los retratados permanecieran largas sesiones posando frete al pintor, haciendo mucho más fácil este trabajo y a su vez, la fotografía adquirió gran parte de la estructura formal del lenguaje pictórico. Justo en ese momento, en el que la pintura deja de replicar exactamente la realidad dejando a un lado la ayuda de la visión directa natural, comienza a cobrar de nuevo y mucho más profunda la importancia de la exploración imaginativa, la aportación sensible del artista e interpretación no solo de lo superficial, sino también del mundo interno del retratado, que a su vez habla también de lo interno del mismo artista; esto , concretamente a través de la plástica. Este fenómeno se extendió hasta alcanzar niveles de síntesis de las formas y abstracción incluso extremos, desde el impresionismo, el cubismo hasta el arte abstracto, etc.
Un ejemplo de esta relación entre fotografía y pintura queda documentado en las cartas que compartía Van Gogh con su hermano Theo en cuanto a su producción. Le expresa lo siguiente: “Estoy haciendo un retrato de Madre para mí. No soporto la fotografía sin color y estoy intentando hacer uno con un color armonioso, como la veo en el recuerdo”. El autor recurre a la fotografía como apunte de la memoria pero, a la vista de los resultados, parece incapaz de ceñirse simplemente a este fin. Sus propios recuerdos, sus vivencias, amplificados, desdibujados o próximos, crean una obra personal.
Posteriormente, del mismo modo la fotografía se apropia de estos valores, la cualidad de explorar terrenos propios de lo psíquico, emocional y lo interno del ser humano de manera consiente y premeditada. Esta dinámica simbiótica hasta la actualidad no ha parado, este dialogar entre dos disciplinas al grado de incluso perder los limites entre una y otra. Una exploración continua, esta búsqueda por innovar en estas dos disciplinas que parecen inagotables gracias a la evolución de la tecnología.
Concretamente en la historia de fotografía, así como en la pintura, este valor por explorar recursos, me parece que es lo destacable, esta aportación, una nueva mirada, en el sentido de ver bajo otra luz una forma de hacer las cosas y retomar caminos explorados por otras disciplinas desde un modo particular.
Enseguida, a partir de la observación del trabajo de una serie de fotógrafos, destaco algunos recursos, herramientas, modos, que emplean estos, que construyen su “lenguaje visual particular” y que desde mi opinión personal, son valiosos en el sentido de que en mi propio desarrollo podría tomarlos en cuenta para partir con esta búsqueda, este aprendizaje:
Nadar, gracias a su trabajo como caricaturista, resalta mucho los rasgos de la personalidad de las personas que fotografía, de manera que parece “exagerar” ciertas facciones, revelando así la esencia de cada personaje. Julia Margaret Cameron me parece que sus fotos provocan una sensación mucho más melancólica, gracias a una especie de ambientación, un aura que es perceptible en la apariencia general de la fotografía. Y a diferencia de Nadar, todas las personas parecen tener casi la misma expresión, mirada caída, o fija a la cámara pero débil, suave y a la vez muy profunda. August Sanders, en sus retratos el encuadre a diferencia de los anteriores, se aleja y cobra cierta relevancia el contexto en donde se encuentra el retratado, ahora parece estar haciendo algo, una acción que da más información que la simple expresión, la inclusión de objetos como un elemento distintivo o informativo, me da la sensación de estar ante una especie de catálogo de personajes que representan un contexto o una actividad específica. Tienen una sola expresión, una actitud, y es mucho más interesante lo corporal que facial. Cecil Beaton, al instante se puede notar que en la mayoría de sus fotografías es importante la belleza física, una belleza específica, una búsqueda de la belleza consensuada, que proviene de un sector y obedece al canon de una época; incluso cuando retrata a la Dame Edith Louisa Sitwell, esa búsqueda de se nota, esta búsqueda de la belleza en cuanto a los rasgos y objetos superficiales, la superficialidad de los retratados, una belleza que salta a la vista de manera instantánea y no hay que hacer una búsqueda profunda para encontrarla. Diane Arbus, en este sentido también se interesa por lo superficial, pero al contrario de Beaton la búsqueda de su belleza no es convencional, no la encontraríamos en una revista de moda normalmente. Su punto de interés está centrado en el personaje y sus planos son variados, no usa uno determinado como regla que deba reproducir para lograr un determinado resultado, más bien se adecua al personaje de manera más espontánea, de la zona del cuerpo que hay que destacar. Su interés es el de mostrar que se pueden retratar otras formas de belleza no convencional. Richard Avedon, en este caso las expresiones faciales son totalmente variadas, me parece que premeditadas o inducidas. Los personajes se aíslan absolutamente en fondos totalmente lisos, generalmente claros o blancos. La iluminación es muy importante, su incidencia sobre la piel es tal, que tienden a perderse los detalles en los rostros de los retratados, suavizan los rasgos. Sus encuadres regularmente comienzan en el pecho. En el caso de Cindy Sherman es una exploración de la fotografía absolutamente premeditada, preparada, muy plástica y pictórica, en donde es el atuendo o el maquillaje más importante que el personaje que se fotografía, de tal suerte que la misma fotógrafa se retrata a si misma en sus fotografías más destacadas, a mí me provoca la sensación de estar frente a un maniquí, un pretexto para mostrar distinta indumentaria. En el trabajo de Berenice Abbot se me complica un poco más reconocer sus rasgos particulares me parece un tanto indefinido. Es interesante la postura en la que se colocan los personajes que retrata, casi siempre se pueden ver sentados y un encuadre de la cintura o la rodilla para arriba. Juega un papel fundamental y expresiva la colocación de los brazos, guía la mirada hacia el rostro o le da dinamismo a la estructura compositiva. De Robert Mapplethorpe el trabajo que más se destaca tiene que ver con artistas famosos, sus figuras emergen de fondos oscuros gracias a la luz. En general maneja oscuros muy profundos y claros casi al grado de desdibujar los rasgos del retratado. Y por último me parece bastante agradable la forma en que Irving Penn genera plastas negras de los cuerpos de sus personajes, casi siempre vestidos de negro de las cuales emergen sus rostros o manos como fragmentos recortados por la luz.
jueves, 9 de marzo de 2017
Procesos Fotográficos del Siglo XIX
Daguerrotipo
Podría
decirse que este fue el primer proceso fotográfico conocido en el
mundo y es el único también que se compone solo de metales: cobre,
plata, mercurio y oro.
Un
daguerrotipo es una placa de cobre con un recubrimiento de plata
pulida sobre la que se encuentra una imagen de gran detalle y
nitidez.
Son piezas únicas e irrepetibles ya que la placa se introduce en la cámara obteniendo un solo positivo directo.
Son piezas únicas e irrepetibles ya que la placa se introduce en la cámara obteniendo un solo positivo directo.
Cianotipia
El
cianotipo o también conocido como blue print o ferroprussiate print,
fue inventado por Sir John Herschel en 1842 en Inglaterra; quien
aplicó la propiedad fotosensible de las sales de fierro, generando
una imagen de color azul Prusia. Herschel bautizó a este proceso
como cianotipo por las palabras en griego impresión y azul. El
cianotipo comparte el principio de la sensibilidad de sales de hierro
con el platinotipo y calotipo.
Calotipo
o papel salado
es
considerado como el predecesor de la fotografía moderna. Es un
procedimiento fotográfico que consistía en utilizar un papel
negativo a partir del cual podía obtener un número ilimitado de
copias. El calotipo era un refinamiento del proceso del dibujo
fotogénico, ofreciendo un medio mucho más sensible a través del
uso del fenómeno de la imagen latente. El aspecto revolucionario del
proceso estaba en el descubrimiento de Talbot de un químico (ácido
gálico) que podía ser utilizado para desarrollar la imagen en el
papel, acelerando la reacción química del cloruro de plata ante la
luz a la que se exponía.
Colodión
húmedo
Ambrotipo
El
ambrotipo fue patentado en 1854 por James Ambrose Cutting en
E.U.A El colodión húmedo había sido inventado años antes
por Frederick Scott Arch. La
diferencia fue que Cutting lo utilizó para obtener una imagen
positiva en lugar de un negativo.
El
ambrotipo se basa en el mismo principio del colodión húmedo, en el
que una placa de vidrio se emulsionaba con colodión y sales de plata
y mientras aún estaba húmeda se fotografiaba y se revelaba
inmediatamente.
La
idea era crear un negativo subexpuesto o una imagen muy débil a la
que luego se le oscurecía el fondo, ya fuera pintando el vidrio de
negro o colocándoles tela o cartón, lo que permitía ver la imagen
en positivo de una forma similar a los daguerrotipos.
Tenía
la ventaja sobre el proceso regular del colodión de que las
exposiciones eran más cortas, lo cual era una gran ventaja a la hora
de hacer retratos, pero su gran desventaja frente a este proceso, era
que las imágenes eran únicas y no se podían reproducir.
Goma
bicromatada
En
1839, Mungo Ponton descubrió que los bicromatos son sensibles a la
luz. Sería después cuando Henry Fox Talbot descubriera que algunos
coloides son solubles al agua, como la gelatina y la goma arábiga, y
que se convierten en insolubles cuando se mezclan con un dicromato y
se exponen a la luz provocando su endurecimiento. En 1858, John
Pouncy definió lo que ahora llamamos goma bicromatada perfeccionando
el uso de la goma arábiga con pigmento.
Básicamente
esta técnica es el resultado del endurecimiento de la goma en
proporción a la luz recibida, quedando una imagen coloreada con el
pigmento que se le agregó. En las zonas no afectadas por la luz, el
colorante se eliminará con el agua.
Para
realizar las soluciones se utiliza bicromato de amonio o de potasio,
este último es el más usado, sin embargo el de amonio reduce a la
mitad el tiempo de exposición. Entre más saturada esté la solución
de bicromato de amonio más sensible a la luz será.
Ferrotipo
(1860
- 1920): Variante placa humeda al colodion con un soporte en chapa de
hierro o cobre pintado de negro.
Este proceso, conocido también como melanotipo, es otra variante de las placas húmedas al colodión. A diferencia del ambrotipo, donde el soporte era una placa de vidrio, en el ferrotipo se usaba una chapa de latón pintada de negro. Luego del revelado y fijado, se obtenía una imagen positiva. Este sistema patentado por Hamilton Smith en los Estados Unidos en 1856 se hizo muy popular por su bajo costo y fue utilizado hasta principios del siglo XX por los fotógrafos ambulantes.
Este proceso, conocido también como melanotipo, es otra variante de las placas húmedas al colodión. A diferencia del ambrotipo, donde el soporte era una placa de vidrio, en el ferrotipo se usaba una chapa de latón pintada de negro. Luego del revelado y fijado, se obtenía una imagen positiva. Este sistema patentado por Hamilton Smith en los Estados Unidos en 1856 se hizo muy popular por su bajo costo y fue utilizado hasta principios del siglo XX por los fotógrafos ambulantes.
Albúmina
La
ambúmania es un coloide empleado como sustrado fotográfico extraído
de la clara de huevo. En 1850 Louis- Dsiré Blanquart- Evanrd la
utilizó para producir impresiones forotgráficas en papael,
comúnmente llamadas “albúminas”, así como para la elaboración
de negativos como soporte de vidrio. Gran parte de la producción
fotográfica de la segunda mitad del siglo XIX se encuentra realizad
a partir de este proceso.
Gelatino bromuro
El gelatino-bromuro es
un procedimiento fotográfico creado en el año 1871 por R.
L. Maddox y
mejorado en el año 1878 gracias
a los trabajos de Charles
E. Bennett que
acabó desplazando al colodión
húmedo,
a partir del año 1882.
Este
proceso básicamente supone en sus inicios el empleo de una placa
de vidrio sobre
la que se extiende una solución de bromuro
de cadmio, agua y gelatina sensibilizada
con nitrato
de plata,
que ya no necesita mantener húmeda la placa en todo momento, lo cual
pone fin a uno de los grandes inconvenientes del colodión húmedo.
Marrón Van Dyke
El
marrón Van Dyke o calitipia es un proceso fotográfico que funciona
con sales ferrosas junto al nitrato de plata que proporciona unos
tonos de óxido y marrones oscuros muy característicos. Estas
tonalidades dependen de la emulsión líquida que damos sobre papeles
de acuarela. Desde mi punto de vista es un proceso un poco más
artístico de lo que es una fotografía normal, puesto que tú eliges
el papel que quieres emplear dentro de la amplia gama de soportes
para acuarela. El único requisito que tiene que tener el papel es
que no sea ácido para que no haya una reacción química con el
compuesto que esparcimos.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Ensayo a partir de la lectura del libro "Sobre la fotografía".
Introducción
Pensar sobre la fotografía en nuestros días, es evocar
un monstruo que ha reproducido de manera increíble una y otra vez nuestro mundo. Esto ha sido posible debido a la diversificación de sus usos y los
medios por los cuales se puede ejercer; gracias a su industrialización y a la
relativa facilidad con la que es posible llevar a cabo su práctica; de modo que,
hoy en día casi todas las personas pueden traducir cualquier experiencia a
imágenes.
El libro que se planteó analizar para este ensayo, lleva por
título, “Sobre la fotografía” de la escritora Susan Sontag. Este, aborda
distintos temas y problemáticas en torno a la práctica de la fotografía a lo
largo de su historia. Es un texto realmente diverso y enriquecedor.
Sin pretender ahondar en temas extensos desarrollados en el
libro tales como, si la fotografía es arte o no, o cuál sería el modo correcto
en que se debe desempeñar, etc. el objetivo de este texto es analizar un tipo
de fotografía y su importancia como rito social; básicamente, esta forma parte
de la historia personal de “alguien” de “nosotros”, se nos revela como testigo capaz
de capturar el paso del tiempo, afecta nuestro desarrollo, nuestras relaciones;
pero también puede hacernos caer en el registro de lo absurdo, de la trivialidad,
e irremediablemente, de manera irónica, revela siempre la fragilidad humana y la indefensión
a la que estamos sujetos ante nuestra propia finitud en esta línea temporal. Es
decir, trataremos sobre la fotografía banal, cotidiana, “familiar o de aficionados”, como se
refiere a ella la autora (Susan Sontag). Este análisis lo haremos a partir de lo leído en el
libro antes mencionado y en algún otro texto, enmarcando estas reflexiones
desde mi particular punto de vista y experiencia en torno a la fotografía "impresa" cuyo valor comenzó a mermar hacia finales de los 90´s. (al ir acercándonos al término de las reflexiones, la visión de la fotografía se amplia hacia la fotografía en un entorno digital, contemporáneo).
Las fotografías Nuestras
En el desarrollo de este texto, nos referiremos como
“fotografía familiar, popular o de aficionados”, al tipo de fotografía que
cualquier persona es capaz de capturar con cualquier dispositivo que le permita
hacerlo.
Susan Sontang, habla muy poco
sobre el tema, sin embargo lo aborda en las primeras páginas y posteriormente
de manera indirecta, comienza diciéndonos: “Recientemente la fotografía se ha transformado en una
diversión casi tan cultivada como el sexo y el baile.” Tal es la magnitud de su introducción en la vida social que es fácil
suponer que todos poseemos registros fotográficos de nuestro desarrollo como
personas.
Desde que tuve conciencia de la existencia de la fotografía,
me pareció absolutamente mágico, “surreal”, cómo es que un objeto puede replicar
un fragmento de la realidad visible para ser preservado. Las fotografías en el hogar donde crecí, siempre tuvieron un lugar importante, sin embargo la idea de su exhibición
fue un tanto despreocupada, de manera que permanecían en cajas o baúles sin ver
la luz por largos periodos de tiempo. Esta particular dinámica, nos permitía a
mí y a mis hermanos consultar de manera fortuita estos registros y redescubrirlos,
cada vez más sorprendidos del paso del tiempo. Este tipo de fotografías, las
que hablan de un “alguien”, son de las que hablo aquí, ya que me generan un
interés mucho más profundo debido a que nos afectan directamente por su carga
nostálgica y anecdótica que en ellas existe, provista por nosotros.
La fotografía “popular” es capaz de
mostrar nuestra realidad y evocar “recuerdos significativos”, ya que se trata
de nosotros o de los que habitan nuestro mismo espacio; funge como evidencia de
la consumación de un hecho, de la construcción de lazos emocionales, nos parecen
familiares, confiables y por lo tanto parecen poseer un grado de “verdad”.
En nuestros días, es casi imposible suponer que en
una casa no exista un sistema para obtener fotografías ya sea cámara o celular
de algún tipo, tanto en los inicios de la fotografía familiar como ahora, el no
fotografiar a los niños en desarrollo es sinónimo de desinterés. "La conmemoración de los logros de los individuos en
tanto miembros de una familia (así como de otros grupos) es el primer uso
popular de la fotografía.” Es verdad que estas fotografías que tiene que
ver con nuestro desarrollo familiar intimo tienen una correspondencia profunda en
nuestros recuerdos, nos evocan sensaciones, sentimientos acerca de un hecho. “Poco importa cuáles actividades se fotografían
siempre que las fotos se hagan y aprecien.”
Desde mediados del siglo XIX cuando la fotografía se
integra a la vida familiar, cobró gran importancia fotografiar eventos significativos
para la vida intima de las personas, de tal modo que hoy en día, capturar encuentros
sociales, hechos memorables ya forma parte de un comportamiento que se espera
socialmente, como Sontag lo menciona; “Es sobre todo un rito
social, una protección contra la ansiedad y un instrumento de poder.”
Uno de los objetos más
significativos de la conservación de los recuerdos dentro de un circulo familiar
son “los álbumes fotográficos”, ya no es tan popular tenerlos en casa, y al
menos en los 90´s, yo recuerdo que eran objetos rituales casi mágicos, ya que contenían
nuestras historias, la huella de nuestras vidas que podíamos medir en pequeños acontecimientos.
Pero, ¿Qué es lo que nos conquista de estas fotografías?. Existe
una especie de “Aura”, que nos atrae hacia estos objetos memorables (las
fotografías impresas), que nos producen añoranza, necesidad de preservar y
miedo de perder. Deshacernos o “romper fotografías de un ser querido muerto nos
parece un despiadado gesto de rechazo”. Estas fotografías/objetos son
apreciadas, según Sontag por ciertas características que poseen y que
constituyen esta aura. Una de ellas, es muy simple, porque fotografiar es conferir
importancia, enfatizar, el “phatos” las generaliza y les provee un halo de añoranza,
solo por el hecho de haber sido fotografiadas hace muchos años ; Otra razón
puede ser la relación que estas puedan tener con el tiempo, el deterioro físico
o proceso entrópico al que están expuestas las fotos, se ponen amarillas, se
agrietan, se humedecen, etc. asumiendo con dignidad un estado de vejez que nos recuerdan
el trascurrir del tiempo, y esto también, en tanto a pesar de reconocernos, ya
no coinciden esas imágenes con nuestro estado físico y mental actual. Si el autor
es un ser querido pasa a ser un ente importarme dentro de la experiencia,
incluso puede ser mucho más destacable que el nombre de un artista con su obra.
Todos estos objetos nos hace contrastar el presente y el pasado, y en algunos
casos nos hacen creer que “el pasado que contemplamos fue mejor”. Por otro lado,
estamos ligados a estas imágenes porque nos dan indicios de lo que ya no será,
de nuestra fatalidad, nos dice Sontag, “Las fotografías declaran la inocencia, la vulnerabilidad
de las vidas que se dirigen hacia su propia destrucción, y este vínculo entre
la fotografía y la muerte lastra todas las fotografías de personas”, o como
Barthes lo expresa "La fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente". Estas condiciones forman parte de un valor moral nostálgico
que le conferimos a las fotos.
A diferencia de la fotografía como arte, estos objetos populares
no son cuestionados de ninguna manera, da igual la técnica o maestría con las
que fueron ejecutados, siempre y cuando sean reconocibles y apreciados.
Estos rituales capturados, como casi siempre, la
sociedad los ha llevado a extremos absolutos debido al proceso cada vez más fácil y accesible, al grado de perder la capacidad
de discernir entre un evento memorable y fotografiar de manera compulsiva la trivialidad
absoluta, desvirtuado esta idea de lo que es importante conservar o no. Ahora
estos registros se conservar en su mayoría de manera digital en memorias,
discos o en las redes sociales. Han perdido casi por completo el encanto del
aura que los hacían entrañables de la forma en que recordábamos, pero aun siguen ahí hablándonos de las mismas cosas.
Como conclusión cabe mencionar que mi visión sobre
este tema, es absolutamente personal, me mueve internamente debido a que la
fotografía en estos términos y condiciones a pesar de haberse transformado en
este monstruo, virtual, salvaje; ha logrado permanecer democrática, ser libre
de museos, de la crítica, de pensarse y sentirse como uno quiera o pueda, y de
ser guardados en álbumes, baúles, memorias o en la "nube" por la razón que uno desee. Son nuestras.
Al finalizar de leer el libro, me topé de manera grata con
una cita que confirmó la inclinación que tenía hacia el tema del ensayo que ya
se venía concretando. Coincido con ella y me pareció muy conmovedora.
Quisiera tener un recuerdo conmemorativo semejante de
todos y cada uno de los seres que he querido en el mundo. Y no es solamente el
parecido lo que precio en tales casos, sino las asociaciones y la sensación de proximidad
que la cosa supone… el hecho de que la sombra misma de la persona esté allí, fija
para siempre. En lo que pienso es en la santidad misma del retrato, y no, no me
parece monstruoso por mi parte decir justamente aquello contra lo que mis
hermanos se oponen con tanta vehemencia, a saber, que prefiero uno de estos
relicarios de un ser querido antes que el más notable de los trabajos jamás producidos
por un artista.
(en carta a Mary Russell Mitford,
1843)
martes, 7 de febrero de 2017
VISITA AL TALLER DE EXPERIMENTACIÓN GRÁFICA DE LUIS RICAURTE
Gracias a la maestra Silvia Barbescu, el viernes tres de
febrero tuvimos la oportunidad los alumnos del segundo semestre grupo C de la
Esmeralda de conocer el taller de Luis Ricaurte. La maestra con un tiempo de
antelación nos platicó respecto a este lugar, y cómo es que éste artista es
percibido en la actualidad, como uno de los grandes artistas y que además se
preocupa por la experimentación de la gráfica ligada a las nuevas tecnologías,
y bajo estos antecedentes desmitificar lo que se saber; en lo personal me
pareció muy intrigante saber cómo es que esto podría desarrollarse y bajo qué
objetivos el artista genera su obra artística.
El día planeado nos quedamos de ver para juntos dirigirnos
al lugar donde se encuentra el estudio, en la colonia Doctores; este detalle salía
a la vista debido a la particular fama de dicha colonia. Rápidamente llegamos a
las puertas de lugar, cuya apariencia claramente nos hacia saber que era un
lugar muy espacioso, y efectivamente, al entrar al lugar fue asombroso. Lugares
así, dedicados a la gráfica pocas veces he visitado en mi vida.
El lugar tiene tres niveles, según recuerdo, y en cada
espacio es posible apreciar la obra del artista expuesta en las paredes a los
ojos del visitante. Para mi sorpresa, logré reconocer algunas de las obras que de
acuerdo a mi memoria había visto en algunos museos de Michoacán, entonces pude
comenzar a darme cuenta de qué va la dinámica del artista. Muy amablemente, Luis
nos recibió y nos explicó los objetivos del lugar y los procesos que se llevan
a cabo dentro de él. Nos platicó que el lugar se originó hace pocos años, pero
que su labor como explorador de nuevas formas de hacer arte a partir del uso de
las nuevas tecnologías tenía ya muchos años. Ese taller sobrevive gracias a las
colaboraciones con artistas que tienen un mercado muy establecido y amplio.
Se elaboran procesos de sublimación, de impresión en 3D,
meso tintas, flexografía, linóleo, etc. Pero sin duda el proceso más importante
que relaza el artista es la “Laser Xilografía”, que como el mismo nombre lo
refiere, es una combinación de grabado sobre madera y la devastación a partir de
un laser.
Su trabajo, nos contó, ha sido muy fuertemente criticado,
justamente por incorporar a su proceso de creación una máquina automatizada, y
él se defiende diciendo que la tecnología es solo una herramienta, “que su obra
no es lo que puede hacer el laser, sino, lo que Luis Ricaurte puede hacer con
el laser”. Efectivamente su obra es muy interesante, no tanto por su proceso,
más que en sí misma, son piezas muy gratas a la vista, donde combina imágenes fotográficas
con deformación es y elementos con texturas geométricas y composiciones sobre
formatos enormes.
Además de los espacios para las actividades que tienen que
ver propiamente con la labor artística, hay lugares diseñados especialmente para
el descanso, e incluso un amplio espacio para dos gatos muy gordos.
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